De la Tierra a la Luna para llegar a Marte. Los proyectos tecnocientíficos espaciales del siglo XXI

¿Qué harías si te dijeran que vas a emprender un viaje espacial, el cual te llevará a un planeta desconocido, muy lejano de la Tierra, del que nunca regresarás? El arte y la ciencia nos hacen plantearnos estas y otras preguntas.

¿Qué harías si te dijeran que vas a emprender un viaje espacial, el cual te llevará a un planeta desconocido, muy lejano de la Tierra, del que nunca regresarás? ¿Aceptarías ser parte de la misión si supieras que en realidad tú nunca podrás ver dicho planeta y que los primeros colonizadores serán tus futuros hijos?

Esas son algunas de las preguntas que plantea Kim Stanley Robinson en su novela Aurora, en la que una joven, llamada Freya, está surcando el universo en un viaje que ella no eligió. A bordo de una gigantesca nave que construyeron sus an­tepasados, donde ella nació y en la que ha pasado toda su vida, se aleja de la Tierra. El viaje ha du­rado 160 años para llegar a su destino: Aurora, un exoplaneta llamado así en honor de la diosa romana del amanecer, que es parte del sistema solar Tau Ceti. Se trata un mundo muy parecido a la Tierra, que podría ser habitable y los seres humanos desean colonizarlo. La travesía es tan larga que varias generaciones de viajeros deben participar en ella. Los más jóvenes como Freya no tuvieron la opción de elegir si quedarse en la Tierra o aventurarse a un destino incierto.

En esta magnífica novela de aventuras de Kim Stanley Robinson, realizada con la asesoría cien­tífica de Christopher McKay, astrobiólogo de la nasa, se plantean los complejos retos a los que se podrían enfrentar los proyectos tecnocientíficos de exploración espacial del futuro. Aunque la hu­manidad aún se encuentra muy lejos de tener las herramientas necesarias para realizar viajes fuera del sistema solar, es posible que en los siguientes años las primeras mujeres y hombres puedan re­gresar a la Luna y después colonizar Marte. Por siglos, la humanidad ha acariciado la idea de lle­gar al planeta rojo.

EL SUEÑO MARCIANO

Composición con imágenes de Rawpixel/IA

El gran astrobiólogo y divulgador de la ciencia Carl Sagan estaba fascinado por el planeta Marte, al que llamaba «un mundo de maravillas». Al igual que él, los escritores de ciencia ficción soñaron con el planeta rojo. Por ejemplo, en su libro Crónicas marcianas, Ray Bradbury lo concibió con dunas de arena azules, mares secos y canales construidos por sus habitantes para transportar agua.

Hoy en día sabemos que Marte es muy dife­rente al que imaginó Bradbury. Entre los plane­tas de nuestro sistema solar, es el más parecido a la Tierra. Tiene un suelo rocoso, cañones, mon­tañas, volcanes y cauces de ríos secos por comple­to. Posee una atmósfera mucho más tenue que la de nuestro planeta y en su superficie hay agua en forma de hielo. Tiene un día que dura 24 horas y 37 minutos; y el año, 668 días. Es un mundo más frío que el nuestro, con temperaturas que alcan­zan hasta -50 grados Celsius. Además, no se ha encontrado ningún ser vivo en su superficie: no hay bacterias, ni plantas, ni animales. Es el único astro de nuestro sistema solar que está habitado solo por robots.

El más joven de los habitantes robóticos del planeta rojo es Perseverancia, el cual amartizó en 2021 en el cráter Jázaro, acompañado de In­genuidad, el primer objeto volador del planeta rojo. Perseverancia, que tiene el tamaño de un automóvil pequeño, está equipado con cámaras de alta tecnología gracias a las que ha tomado al­gunas de las fotos más impresionantes de Marte. En ellas podemos observar un paisaje inhóspito, parecido al Sahara que imaginó Paul Bowles en su novela El cielo protector. No obstante, hay una diferencia importante entre ambos panoramas: mientras que en el desierto africano hay fuertes vientos, la rojiza arena marciana se encuentra en completa calma.

Aparte de regalarnos algunas de las imágenes más poéticas que se han tomado de nuestro pla­neta vecino, como una hermosa puesta de sol marciana o los retratos de las lunas Fobos y Dei­mos en el horizonte, la misión de Perseverancia es llevar a cabo algunas investigaciones científicas importantes. En primer lugar, debe tratar de ave­riguar si en algún momento existió o ha existido vida bacteriana en Marte. También debe almace­nar muestras de tierra y roca marcianas para que los astronautas de las futuras misiones las puedan analizar. Por último, debe ensayar la generación de oxígeno a partir del dióxido de carbono que se encuentra en su atmósfera. El siguiente objetivo de la exploración espacial es llevar seres humanos al planeta rojo.

LA «TERRAFORMACIÓN» DE MARTE

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Hoy en día, las agencias espaciales de todo el mundo están invirtiendo millones de dólares para enviar a los primeros seres humanos a Marte. En­tre ellas podemos mencionar a la Administración Espacial de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA), la Agencia Espacial Europea (ESA), la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), la Agencia Espacial Federal Rusa (Roscosmos) y la Adminis­tración Espacial Nacional China (CSNA). A esta nueva carrera espacial también se han sumado las grandes empresas tecnocientíficas espaciales, tales como Space X.

Antes de enviar una misión tripulada a Marte, se tendrán que resolver varios problemas impor­tantes, entre ellos, lograr que un grupo de perso­nas sobreviva un viaje de ocho meses a bordo de una nave espacial, la cual tendrá que amartizar y después despegar de nuevo para permitir que los astronautas regresen a la Tierra. Un gran núme­ro de obras de ciencia ficción, tales como 2001 Odisea en el espacio (1968), dirigida por Stanley Kubrick, han imaginado cómo podrían ser las naves en el futuro. En dicha película, un grupo de astronautas viaja a Júpiter, en una misión de investigación, a bordo de una enorme nave lla­mada Discovery I. Tiene 140 metros de longitud y funciona con energía nuclear, también un siste­ma central que maneja HAL 9000, una inteligencia artificial que termina controlando la nave. Durante la travesía, los astronautas permanecen en suspensión criogénica y despiertan al llegar a su destino.

Lamentablemente, los seres humanos aún no contamos con naves tan sofisticadas como Disco­very I, pero la compañía Space X se ha propuesto crear aquellas que puedan llevar seres humanos y cargamentos a Marte. Por esa razón, constru­yeron una llamada Starship Super Heavy, el ve­hículo de lanzamiento más grande jamás creado. Mide 120 metros de longitud, y en el futuro ser­virá para llevar materiales y pasajeros a la Luna y a Marte. La idea de Elon Musk, presidente de Space X, es crear un cohete reutilizable que se pueda fabricar en masa y permita terminar con las restricciones de los cohetes que se conocen en la actualidad. Ya se han realizado pruebas con dos prototipos de la nave y se espera una tercera en 2024. Musk considera que la llegada de los primeros seres humanos a Marte podría ser en 2026. Por su parte, la nasa considera que sería en los años posteriores a 2030. No obstante, aún hay muchos problemas por resolver para concretar una misión de esa naturaleza.

Lograr que un grupo de astronautas llegue con vida al planeta rojo es solamente la prime­ra de las dificultades, pues estos tendrán que sobrevivir en condiciones extremas. Entre otras co­sas, deberán enfren­tarse a las bajas temperaturas de Marte, a la falta de oxígeno, al hecho de que no hay agua líquida en la superficie del planeta y a tratar de cultivar alimentos en un planeta muy árido en el que no se han encontra­do microorganismos. En la novela El marciano, de Andy Weir, llevada al cine en 2015 bajo la direc­ción de Ridley Scott, se retratan las dificultades a las que se enfrenta el astronauta Mark Watney para sobrevivir y quien se queda solo en Marte, después de que sus compañeros de misión regre­saron a la Tierra dejándolo atrás. La novela, una versión moderna de Robinson Crusoe de Daniel Defoe, va narrando con detalle el modo en que Watney se las ingenia para cultivar papas, reciclar el agua, ra­cionar el oxígeno, entre otras muchas cosas que debe hacer para sobrevivir mientras se logra su rescate.

Para conseguir que los seres humanos puedan vivir en el planeta rojo se han propuesto diversas soluciones, por ejemplo, «terraformar» Marte, es decir, transformar a nuestro planeta vecino en uno muy parecido a la Tierra. La idea es calen­tarlo, con ayuda de gases de súper invernadero, para que tenga temperaturas adecuadas para la supervivencia humana, lograr que el agua en for­ma de hielo se derrita y plantar vegetación terres­tre en nuestro planeta vecino. Sobre el proceso de terraformación de Marte, Kim Stanley Ro­binson escribió tres novelas, llamadas Marte rojo, Marte azul y Marte verde, respectivamente, que se refieren a las distintas etapas por las que pasaría el planeta rojo durante su trans­forma­ción.

Composición con imágenes de Rawpixel/IA

En la realidad, varios científicos han investi­gado dicho proceso. Por ejemplo, el doctor Ra­fael Navarro González (1959-2021), quien fue un importante astrobiólogo del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM y experto en Marte, se in­teresó en estudiar qué plantas podrían sobrevivir en los climas extremos de nuestro planeta vecino. Con sorpresa, Navarro llegó a la conclusión de que los pinos que crecen en el Pico de Orizaba, en el estado de Puebla, son los árboles que mejor resistirían las extremas condiciones marcianas.

Hace algunos años platiqué con Navarro so­bre la posibilidad de «terraformar» Marte. Él me comentó que sería un proceso largo y arduo, el cual tardaría cerca de un milenio. Cuando le pre­gunté si pensaba que era importante participar en un proyecto cuya conclusión no podría atesti­guar ninguno de los humanos que habitamos la Tierra en la actualidad, me contestó: «En térmi­nos de la historia de la humanidad, 1,000 años no son nada. Es un proyecto que se tendrá que llevar a cabo con el trabajo de varias generaciones».

Aunque a la larga se logre «terraformar» Marte, los primeros habitantes tendrán un pro­blema grave de abastecimiento de materias pri­mas, pues será muy caro y tardado transportarlas desde la Tierra. Por ese motivo, se tendrán que explotar los recursos minerales del planeta, entre otras cosas, para construir infraestructuras, que puedan proteger a los habitantes de las condicio­nes adversas del planeta. Por ejemplo, se podrían fabricar ladrillos y cerámicas a partir de arcillas marcianas, además de producir vidrio y fibra a partir de cuarzo y de rocas opalinas, entre otros materiales. Será de suma importancia identifi­car los depósitos de minerales en el planeta rojo para lograr su colonización, pero, antes de que esto suceda, se tendrá que explorar la Luna.

VOLVER A LA LUNA

En los proyectos para llevar seres humanos a Marte, la Luna desempeñará un papel crucial. Nuestro satélite tiene características únicas que hacen que sea de gran utilidad para la investiga­ción científica básica y aplicada, en áreas como la física, la astrofísica, la química, la paleontología, el origen y la evolución del sistema solar, la bio­logía y la medicina, entre otras. Por su cercanía con nuestro planeta, puede funcionar como una estación intermedia para las misiones que via­jen entre la Tierra y el planeta rojo, que podrían abastecerse de comida y combustible. Al mismo tiempo, se podrían crear colonias humanas en la Luna, las cuales servirían como un modelo para aquellas que se funden en Marte.

En la actualidad hay varios programas es­paciales que tienen como objetivo enviar seres humanos a la Luna. Entre los cuales podemos mencionar Artemisa, un programa internacional liderado por la nasa. En dicho proyecto también colaboran otras agencias espaciales, tales como las de la Unión Europea, Japón, Canadá, Israel y Australia. El objetivo principal del programa es «llevar a la primera mujer y al próximo hombre» al polo sur de la Luna, a finales de 2024. La mi­sión también espera sentar las bases para que las empresas privadas afiancen una economía lunar y después enviar humanos a Marte.

En las futuras misiones a la Luna, uno de los problemas más importantes será el de la cons­trucción de estructuras para que los astronautas vivan, trabajen y almacenen alimentos y mate­rias primas. Una de las maneras en las que se po­dría llevar a cabo esta tarea sería usando robots. Los escritores de ciencia ficción han explorado esta idea en varias novelas. Por ejemplo, en El sol desnudo, el científico y escritor Issac Asimov imaginó un planeta llamado Solaris, donde todo el trabajo lo llevan a cabo los robots. En esa no­vela, Asimov concibió androides indistinguibles de los seres humanos, como R. Daneel Olivaw, un robot detective.

En México existe una innovadora propuesta para llevar robots a la Luna, llamada Colmena. A diferencia de los robots que imaginó Asimov, extremadamente complejos, los de la misión Colmena, liderada por el Dr. Gustavo Medina Tanco, del Laboratorio LINX del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, son minirrobots muy básicos, cuyo objetivo es ensamblarse para crear un panel solar a su llegada a la Luna. Cada robot tiene un diámetro de poco más de 10 centímetros.

Los primeros cinco robots de Colmena despegaron el 8 de enero de 2024, a bordo del cohete Peregrine, de la compañía Astrobiotics. Debido a que el cohete no logrará alunizar, los robots no podrán ensamblarse. No obstante, los miembros de LINX consideran que la misión ha tenido éxito ya que se ha mantenido contacto con los aparatos, los cuales funcionan a la perfección en el espacio profundo. Se enviará una segunda misión Colmena en 2027. Esta misión es de suma importancia para nuestro país, pues nos permite ser parte de
los proyectos espaciales actuales y futuros.

EL FUTURO DE LA EXPLORACIÓN ESPACIAL

No cabe duda de que en los siguientes años sere­mos testigos de grandes avances en la tecnología espacial. Estos avances tendrán repercusiones en la economía, pues las empresas y los países que logren colonizar la Luna y Marte sin duda ten­drán ganancias millonarias. Habrá cambios en la política, pues es probable que haya nuevos Gobiernos en otros planetas y nuevos convenios interplanetarios. Por otra parte, los avances en la tecnología espacial tendrán aplicaciones impor­tantes en nuestro planeta.

Aún no sabemos si algún día tendremos na­ves espaciales que nos permitan surcar el cosmos como en Aurora, pero, como lo han hecho los escritores de ciencia ficción durante siglos, pode­mos soñar con que, en el futuro, la humanidad alcanzará otros planetas. Como dijo Sally Ride, la primera mujer estadounidense en explorar el espacio, «nuestro futuro está en los niños de hoy y en la exploración espacial del mañana».

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Referencias

Artemis (s. f.). Recuperado de https://www.nasa.gov/specials/ artemis/

Asimov, Issac (2023). El sol desnudo. Barcelona: Debolsillo.

Bowles, Paul (2019). El cielo protector. Barcelona: Galaxia Guten­berg.

Bradbury, Ray (2007). Crónicas marcianas. Barcelona: Minotauro.

De Foe, Daniel (2019). Robinson Crusoe. Ciudad de México: Edi­torial Planeta.

Medina Tanco, Gustavo (2023). «Misión lunar COLMENA», Revis­ta de la Universidad de México, septiembre. Recuperado de ht­tps://www.revistadelauniversidad.mx/articles/6d2086b6-be­dc-4e01-be03-1e1b6fa89cf6/mision-lunar-colmena

Robinson, Kim Stanley (2015). Aurora. Nueva York, NY: Orbit.

— (2008). Trilogía de Marte. Marte verde. Barcelona: Minotauro.

Space X (s. f.). Recuperado de https://www.spacex.com/

Weir, Andy (2015). El marciano. Barcelona: Ediciones B.

Autora

Gabriela Frías Villegas

Doctora en Filosofía de la Ciencia por la UNAM. Se dedica a la divulgación de la ciencia, tecnología, derechos humanos, estudios de género, educación STEAM y medios digitales.

Audio narración: Elena Herrera


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Punto Dorsal #4
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Punto Dorsal
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